Ética profesional y ventas: mitos y verdades
| Negocios y Emprendimientos |
La palabra "vender" remite a significados cargados de prejuicios. Pero, si tenemos en cuenta que el vendedor más exitoso actualmente no es el que parece “un león vendiendo Durax”, sino quien escucha las necesidades de sus clientes, les ofrece beneficios para satisfacerlas y se esfuerza en superar sus expectativas, ¿realmente no sería ético y hasta satisfactorio “vender”?.
Suele ser bastante común encontrar cierta resistencia a aceptar el concepto de “vender” sus servicios, entre profesionales de distintas disciplinas, por ser en general la palabra “ventas” y aún más las acciones que implica, entendidas como algo que atenta contra la ética y buenas prácticas profesionales.
En general, estas cuestiones no son abordadas frecuentemente por quienes generan contenidos informativos o de investigación comercial y menos aún, por quienes lo hacen para profesiones de diversas áreas no relacionadas con lo comercial.
Ahora bien, resulta evidente que ya no existen los profesionales que podían darse el lujo de dedicase a sus actividades sostenidos por la fortuna de sus familias, sin percibir ingreso alguno de su profesión.
Más aún, si pensamos en el momento en que comienza a ser la clase media la que genera el mayor número de profesionales, por ser la educación formal de más fácil acceso y estar determinada más por la voluntad de instruirse que por las posibilidades económicas.
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Si sumamos lo anterior a la diversificación de muchas profesiones y la creación de nuevas disciplinas, nos da como resultado un común denominador de éste nuevo siglo “la competencia inevitable”.
Entonces, ¿Cómo podría subsistir el más preparado e instruido de los psiquiatras, arquitectos, ingenieros, abogados o cualquier otro profesional, desde la ignominia?, ¿Cuál es la razón por la que no es ético comunicarle a toda la sociedad que alguien estudió muchos años, se preparó, se perfeccionó y está capacitado para desarrollar su profesión con un grado de excelencia óptimo?, ¿Realmente es sustentable en el tiempo y aún más en el futuro manejarse de “boca en boca”?
Si tenemos en cuenta que cualquier bien o servicio ya no se desarrolla y luego se ve a quién se lo “vende”; sino que primero se consulta qué necesita el mercado para luego diseñarlo y que el vendedor más exitoso actualmente no es “un león vendiendo Durax”, sino quien escucha las necesidades de sus clientes, les ofrece beneficios para satisfacerlas y se esfuerza en superar sus expectativas, ¿realmente no sería ético y hasta satisfactorio “vender”?.
En la actualidad y en general inconscientemente, cualquier profesional se esfuerza por ser cada vez mejor, adquirir conocimiento, experiencia y especializarse en algún área, por un lado, como una forma de desarrollo personal, pero por otro y muchas veces sin saberlo, está buscando una “ventaja competitiva”, algo que lo diferencie del resto, que es exactamente lo que hacen las empresas.
Más puntualmente, la mayoría de los profesionales que han adquirido el desarrollo mencionado, suelen comunicarlo al momento de relacionarse con un potencial cliente, paciente, locador, etc., en algunos casos en forma pasiva (exhibiendo diplomas, títulos, fotografías, certificaciones, etc.) o bien en forma activa brindando a quien lo contacta, toda la información que necesita para entender que está frente a alguien con la capacidad de resolver satisfactoriamente las cuestiones que lo llevaron hasta allí.
Todo este proceso fue definido con una común y simple palabra “Vender”. Es por eso que resulta imprescindible aceptar sin pruritos que uno está vendiendo sus servicios, sin importar la profesión que pongamos como ejemplo y que sin duda, debe hacerlo ética y honestamente, lo que no quita en absoluto que se valga de todas las herramientas que le permitan hacer público (publicitar) que existe, está preparado y puede satisfacer las necesidades de quien lo requiera, teniendo en cuenta que todos sus años de preparación y esfuerzo, la experiencia adquirida y el arduo trabajo del “día a día” deben traducirse en una contraprestación económica, no por capricho, sino porque todos en el fondo somos consumidores y si queremos sustentarnos con los ingresos de nuestras profesiones sin perecer realizando otra actividad por no haber aceptado que el producto que comercializamos somos nosotros mismos y nuestros conocimientos, debemos manejar y desarrollar las herramientas que el marketing, la publicidad y la comunicación nos brindan para competir adecuadamente en una era donde las segundas oportunidades huelgan.
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