tag: 
English French Portuguese Spanish
banner_hendel

PostHeaderIcon Energías Renovables (Parte I)

Actualidad Rural

Su implementación en la Agricultura Familiar de la República Argentina

thumb_energias_renovablesSi bien hemos abordado esta temática en otras ediciones, en este caso y por gentileza de sus autores, tenemos el agrado de poner a disposición del lector este excelente trabajo.

De acuerdo al perfil que hemos decidido darle a nuestra Revista, lo invitamos a reflexionar sobre el tema y por supuesto, si está dentro de sus posibilidades, a tomar cartas en el asunto, difundiendo las posibilidades de aplicación de Energías Renovables y llevándolas a la práctica, teniendo en cuenta los amplios beneficios ambientales, sociales y económicos que las mismas aportan.

Resumen

Se considera Agricultura Familiar (pequeños productores) al sector agrícola en el cual la unidad doméstica y la unidad productiva están físicamente integradas, y la producción es utilizada para autoconsumo o para venta en el mercado. En la República Argentina, se estima que un 13% de la superficie óptima para agricultura y ganadería del país se encuentra trabajada por pequeños productores. Las energías renovables surgen como potenciales herramientas para abastecer al sector y brindar ciertos beneficios: mejorar la calidad de vida, agregar valor a los productos generados, fomentar la sustentabilidad de los sistemas productivos y convivir en armonía con el medio ambiente. La industria nacional provee equipos para utilizar energía solar, eólica y a partir de biomasa; y en menor porte energía hidráulica (miniturbinas) y energía a partir de desechos (biodigestores) El objetivo de esta revisión fue describir las distintas fuentes de energías renovables que pudieran implementarse en los sistemas agrícolas similares a los de la Agricultura Familiar en Argentina, abordando especial interés en los antecedentes nacionales y latinoamericanos, el potencial de generación energética y los costos existentes en el mercado nacional.

Introducción

Para poder desarrollarse, la humanidad ha necesitado siempre dos insumos básicos: materia y energía. Ambos le proveen al hombre de ventajas para su desarrollo, como así también problemas cuando se producen carencias debido a un uso no sustentable.
El agotamiento de los recursos ha sido uno de los debates más fuertes en los últimos 50 años. La imposibilidad de poder contar con energía o materia se ve influenciada con la capacidad de sustitución existente en cada caso. Por este motivo, los recursos existentes en nuestro planeta se pueden subdividir en tres grandes grupos: 1) Materiales almacenados por la naturaleza (ej. yacimientos minerales); 2) energía almacenada por la naturaleza (ej. petróleo, carbón y gas) y 3) recursos renovables aportados por la naturaleza (capitalizados en la energía solar disponible en los objetos bióticos existentes). Un uso sustentable de estos permite satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para cubrir las suyas (Nazetón, Tito, 2001).
La energía no fue una problemática para el hombre desde el inicio de sus actividades hasta mediados del siglo pasado. El descubrimiento de yacimientos de petróleo y gas aumentó considerablemente la capacidad energética en el mundo. Durante los años posteriores se construyó un paradigma sobre la base de que estos recursos podrían perdurar a lo largo del tiempo, el cual se vio refutado debido a períodos de escasez y manipulación (primera crisis del petróleo en 1973). La no sustentabilidad de los recursos energéticos trajo como consecuencia conflictos entre países por tener en su poder los yacimientos de petróleo más importantes, entre otros aspectos negativos. Es por este motivo que el hombre se encuentra en constante búsqueda de nuevas fuentes de energía que perduren en el tiempo de forma sustentable, tanto con sus actividades y con el medio ambiente. De aquí es que surge como idea la generación de fuentes renovables de energía.
Se consideran energías renovables a todas aquellas que se producen de forma natural en la tierra, por acción directa de los fenómenos como el sol, los ríos, el viento, la biomasa, las mareas o el calor interior de la tierra (Clarín, 1996). Aunque todavía no se ha podido lograr el reemplazo total de los combustibles fósiles, el uso de las fuentes alternativas de energía ha ido en aumento: a fines del siglo XX el aprovechamiento de las fuentes renovables en la matriz energética mundial era del 10% (Clarín 1996), siendo actualmente un 20% (el 90% es de origen hidroeléctrico).
La energía solar es aquella generada de forma directa por la radiación del sol (Agencia Internacional de Energía-AIE). Este tipo de energía es útil para regiones que gozan de buena radiación solar pudiendo dividirse en dos: fotovoltaica y solar térmica, con diferentes aplicaciones en cada caso.
Dos formas de energías renovables que han sido muy utilizadas desde hace muchos años son la energía eólica y la energía hidráulica. El principio básico de la primera es la transformación de la energía cinética del viento en energía mecánica aprovechable. La energía hidráulica utiliza la energía potencial que aparece en alguna etapa del ciclo del agua (Bittencourt, 2005), pudiendo clasificarse en dos: convencional y minihidráulica (si generan mas o menos de 10 MW respectivamente).
La única forma de energía renovable que permite almacenar en forma directa la energía solar (gracias al proceso de la fotosíntesis) es la biomasa (AIE). La materia orgánica constituye su reservorio y se denomina "energía de la biomasa". Esta puede ser aprovechada de formas diferentes: a partir de la utilización integral del recurso mediante o a partir de cultivos con fines energéticos. Los cultivos energéticos son recursos vegetales utilizados para la sustitución de combustibles fósiles en diferentes aplicaciones. Se pueden clasificar en leñosos o herbáceos. Los leñosos poseen una utilización muy parecida a los residuos agrícolas (generalmente, combustión directa). Los herbáceos se utilizan en la producción de biocombustibles (FAO, 1999). Los más conocidos dentro de este rubro son el biodiesel y el bioetanol, sustituyentes del diesel y naftas respectivamente. El biodiesel surge de la extracción de aceites de las especies oleaginosas, y de la reacción de este con alcohol y un catalizador. En cambio, el bioetanol se produce a partir de la fermentación de azúcares.
Otros tipos de energías renovables son la mareomotriz, mareotérmica y la geotérmica. Estas se encuentran en desarrollo con importantes avances, pero escapan al alcance de esta revisión.
Teniendo en cuenta que las poblaciones rurales comúnmente se encuentran aisladas de los sistemas convencionales de abastecimiento energético, las energías renovables surgen como una buena alternativa para acompañar la demanda de estas familias y mejorar su calidad de vida. El objetivo de esta revisión fue describir las distintas fuentes de energías renovables, abordando especial interés en los antecedentes y utilizaciones en sistemas agrícolas similares a los de la Agricultura Familiar.

Energías Renovables en la Agricultura Familiar

La Agricultura Familiar es un tipo de producción donde la unidad doméstica y la unidad productiva están físicamente integradas. La agricultura es un recurso significativo en la estrategia de vida de la familia, la cual aporta la fracción predominante de la fuerza de trabajo utilizada en la explotación y la producción se dirige tanto al autoconsumo como al mercado (Programa Nacional de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la pequeña Agricultura Familiar, 2005).
Es importante destacar que en la Argentina un 13% de la superficie disponible para uso agropecuario es ocupado por pequeños productores, los cuales predominan en el norte del país y en la región mesopotámica. La principal actividad es el cultivo de determinados productos, entre los que se destacan a la yerba mate, algodón, tabaco, caña de azúcar y hortalizas. Además, la participación del valor de producción del pequeño productor es del 19,2% del nivel nacional. Esto demuestra la importancia que tiene este sector en la economía de nuestro país (PROINDER 2002).
La producción de energía en pequeña escala, utilizando fuentes renovables, le permite al pequeño productor agropecuario desarrollarse sin tener que trasladarse a centros urbanos (Zanzi, 2007). Actualmente, en las zonas rurales de los países en desarrollo, las necesidades de energía se satisfacen sobre todo con combustibles de biomasa y con trabajo humano y animal. Este inocuo panorama limita seriamente la posibilidad de muchos pobladores de las zonas rurales a mejorar su productividad agrícola y calidad de vida (Van Campen et al., 2000). Un estudio realizado en el estado de Santa Catarina (Brasil) relevó que la energía a partir de biomasa (fundamentalmente leña) se muestra como la mejor alternativa inmediata. No obstante, el trabajo expresa la necesidad de formar una matriz energética para este tipo de poblaciones, ya que la cuestión energética debería ser una parte integrante de las construcciones rurales y del sistema de producción rural (Bittencourt, 2005). Además, un uso desmedido de la leña podría traer efectos adversos como la deforestación de bosques y montes.
En otro estudio de caso sobre el papel que desempeña la energía en las condiciones de vida en ocho localidades rurales de Chile, se obtuvo una amplia gama de información sobre indicadores de calidad de vida de los campesinos, como ser: consumo de energía doméstica; consumo de energía productiva (en actividades rurales) y relaciones entre los consumos de energía (ambas) e ingresos monetarios. Los autores encontraron una relación muy baja de la energía productiva respecto de la doméstica (cuando en el campo se consume 1 unidad de energía, en la casa 19.2 unidades). Este resultado se ve influenciado por la poca energía insumida en la tecnología agrícola empleada, basada en la tracción animal. También hallaron que el 97% de la energía consumida en los hogares proviene de la leña y el carbón vegetal. El resto corresponde al gas licuado, kerosene, velas y electricidad. Ante el incremento de los ingresos monetarios notaron un aumento paralelo de los gastos productivos y domésticos. Es decir que los mejores niveles de comercialización, productividad y producción agropecuaria generan y a la vez exigen mayores recursos (Diaz et al., 1984).
Las primeras demostraciones de electrificación independiente con sistemas solares en zonas rurales, destinados al bombeo de agua y a proporcionar electricidad, ponían el acento en la comprobación de la tecnología sin contemplar las necesidades y condiciones locales. Numerosos proyectos fracasaron y los resultados demostraron que la participación local es fundamental para introducir tecnología (Van Campen et al., 2000).
Por último, un informe elaborado para el Fondo Internacional del Desarrollo Agrícola (IFAD), señala que el abastecimiento de energía en las poblaciones rurales a partir de fuentes renovables es una de las principales oportunidades que tiene la comunidad científico tecnológica de aportar herramientas, cuyos posibles resultados son: el agregado de valor, la generación de nuevos productos y el efecto multiplicador en las economías regionales. Se plantea poner énfasis en la energía eólica y solar como fuente de electricidad en hogares; la caña de azúcar y nuevos cultivos oleaginosos adecuados para la producción rural de biocombustibles; y la generación de biogás a partir de la degradación de la biomasa (Poole, 2006)
Podemos definir a las energías renovables de la Agricultura Familiar como a aquellas fuentes inagotables que, a partir de tecnologías utilizadas para la captación y transformación, pueden ser introducidas y apropiadas en sistemas productivos de este tipo, permitiendo innovar en la producción y/o transformación de las materias primas, y mejorar la calidad de vida de las familias en un marco de sustentabilidad con el medio ambiente.

Ing. Amb. Ignacio Huerga Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla | Ing. Agr. Leonardo Venturelli Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Instituto de Ingeniería Rural – CNIA – INTA. Castelar

Compartir este Artículo en:

 
Biogenómica Nutricional
banner-kws
Últimos Comentarios
RSS
argentino.com.ar estamos en

Empresas en Argentina

Directorio Web

de Argentina

Guia Argentina

Anuncios

Círculo Amigos Todoar